24 de junio de 2011

Siete olas.



Desde mi atalaya de plata, oteo el horizonte.  No hay nada a mis pies. A lo lejos, una cortina de humo, más gris que la noche, se desliza con la brisa rumbo al sur. Imagino las hogueras,  los saltos sobre sus cenizas, y el contar de las olas mientras se ruegan deseos que no se cumplirán; el que no he pedido es el que me ha tocado vivir. Los tambores compiten con el canto de las sirenas que huyen despavoridas por la avenida,  saltándose los semáforos. No pienso llorar. Es una noche como otra cualquiera; sólo es el cielo que está más oscuro de lo habitual.

4 comentarios:

noe dijo...

¿Dónde irán a parar esos deseos no satisfechos?
Esos que nunca llegaron a ver el amanecer, que incluso tal vez murieron antes de ser pronunciados…
Una noche más Vera, simplemente una noche más, qué más da si es San Juan, qué más da pronunciar deseos ante una vela de cumpleaños... A veces lo más importante es tenerlos, sin ellos hasta los días son oscuros.

TBso. :)

Belén dijo...

Yo me pregunto si no haces las hogueras, ¿puedes quemar el resto del año lo que te sobra?

Besicos

Sergio dijo...

Levamos anclas, zarpemos, no temamos a las olas y vayamos rumbo al sur.
Con tu permiso, le pongo música, coincidirás conmigo en que le viene al pelo:
http://superehore.blogspot.com/2011/06/inflas-mis-velas.html
Un abrazo.
:)

Fernando Santos (Chana) dijo...

Olá, gostei da fotografia e das palavras...Espectacular....
Cumprimentos