26 de diciembre de 2011

La tía Tola.


La tía Tola está rara. Hace tiempo que pasó la menopausia, sin embargo siempre tiene calor. Yo le digo que Eso también puede ser producto de la rabia, pues perder a un marido en una edad temprana tiene, por fuerza, que volver a una del revés. Padece continuos altibajos en el humor y, a veces, sale por peteneras en cualquier conversación;  le cuento chismorreos televisivos y  contesta con algo relativo a la meteorología. Ayer, sin ir más lejos, me la crucé por la calle con los rulos alineadísimos en la cabeza. Le pregunté que adónde iba tan acelerada y respondió que A por el pan, encaminándose hacia la farmacia. Pero esto no es nada. El otro día la pillé en la cocina haciéndose una raya... de pimentón. Ante mi asombro, replicó convencida Es de la Vera  snif  de altísima calidad  snif  ¡Lo mejorcito del mercado, vamos!  snif  ¿No lo has probao?  snif  ¡Te volverías adicta!  snif snif -limpiándose la nariz, dejando a un lado la cebolla.

23 de diciembre de 2011

Pues eso...




... que seas todo lo feliz que puedas.


20 de diciembre de 2011

Veintiún gramos.


(Aviso importante: Este texto puede dañar la fragilidad.)


Recuerdo perfectamente el día  que me convertí en un monstruo...
Cuando entré en la  habitación blanca... parecías un muñeco abandonado a su suerte en una cama blanca. A tu derecha, unos aparatos blancos semejaban semáforos averiados con sus constantes vitales en encéfalo plano. Te sugerí  al oído no dejarte embaucar por la luz blanca pero parecías sumido en un profundo sueño, en esa extraña calma que aporta saberse exento de decisiones y de sufrimiento. Te encontré más delgado que unas horas antes. Veintiún gramos -me espetó el pensamiento. No podía perder tiempo y te pedí perdón… por todo, y por nada. Habías elegido el blanco. Me dolió el desaire  infringido a mi círculo cromático y, en menos de un segundo,  me convertí en un un ser  oscuro re-construido  de retales en blanco y negro.
Aquel día dejé de comer todo lo considerado como carne... carne de cañón -pensaba.  Estuve a fruta durante casi dos meses. Pasaron los días, y los años. Sin embargo aquel día no pasó, permaneció enquistado en una burbuja, largo tiempo, hasta que estalló.
Urdí entonces una venganza. Restituí la carne a mi dieta: de cerdo, de pollo, de pescado. No permito que nadie limpie el pescado. Quiero hacerlo yo. Le practico una autopsia completa; lo abro de arriba abajo, y extraigo  con mis dedos las vísceras para que experimente en su pecho el vacío interior. No me olvido de  los ojos que empujo desde el interior de su  (aparentamente) frágil cabeza para que floten suspendidos de sus órbitas, incrédulo de su destino. Suelo hacerlo con objetividad  quirúrgica, seguridad en los movimientos, concentrada en el momento... pues tengo entre mis manos al responsable que anuló para siempre tu percepción visual, el mismo que me robó tu sonrisa, el que se libró de la justicia de los hombres que siempre es injusta con el ciudadano común. Pero yo me encargo de ajusticiarlo con mis propias manos tres veces por semana, para asegurarme de que acaba como y donde se merece. De rencor también se malvive. Te lo digo yo.


En homenaje a Mary Shelley.


16 de diciembre de 2011

Por ejemplo...los calcetines.


Contemplo a mi interlocutor: mirada lejana, labios vencidos, atuendo oscuro ... Caigo en la trampa del espejo; me pongo a la defensiva. Antes de decidir que se trata de una persona gris, pienso: puede que hoy su ropaje sea pesado, un día de esos apagados, de palabras anudadas... Observo pues las posibles señales: ¿alguna nota de color disimulada?, ¿Sí? Entonces es que no he sabido arrancarle una sonrisa.  No me conformo con las apariencias, y me gustan los retos... Vuelvo a intentarlo.


12 de diciembre de 2011

I love you.



Hay noches que cuando me meto en la cama él se ha adelantado. No lo he visto pasar, elige cuidadosamente las fechas para pillarme desprevenida, postrándose ahí, agazapado entre las sábanas esperando a su presa.

En cuanto se apaga la luz, empieza a manosearme las piernas, el vientre, el interior de los brazos. Me gira con la facilidad de una marioneta, mordisquea los hombros y la espalda  hasta la nuca con un escalofrío, para aplastarme después el cráneo entre sus largos y deformes dedos. De nada sirve luchar. No consigo zafarme de sus poderosas garras y me abandono a sus caprichos. Me inocula entonces su demencia susurrándome al oído "Te quiero nena, te quiero...", con un tono en la voz que raya lo obsceno. Cuando ya sabe que me tiene paralizada, me mira de frente y suelta una carcajada, mientras me sujeta las muñecas debajo de la almohada exigiéndome los besos que le niego. Lo miro de soslayo con todo el horror de que soy capaz, pero de mi boca no se escapa ni un gemido; anula mi voluntad como una migraña y, en esos momentos, daría un tercio de mi vida por tener, en su lugar, un dolor de muelas. Cuando considera su conquista satisfecha, se duerme a mi lado como un bebé abrazado a su chupete.

Siempre que viene... se queda unas horas. Pero me he dado cuenta de que, cada vez, se marcha unos segundos antes. Tal vez algún día se olvide de mí.

Hay noches que me acuesto con un tal Pánico que apenas me deja dormir.


9 de diciembre de 2011

Este Oeste.


Lo sé. Cuando yo voy...tú ya vuelves. Pero reconoce, al menos, que existió un instante en que nos rozamos...aunque fuese con la mirada puesta en mañanas diferentes.

2 de diciembre de 2011

En ocasiones...veo fantasmas.


Me empeño en pensar que sólo son ilusiones mías, un subproducto de mis pensamientos: las indecisiones, la inseguridad, los deseos mal enfocados, las divagaciones, la ansiedad, ... 
Acuden espontáneamente, sin llamarlos, y desaparecen un buen día, sin previo aviso, como si no hubieran existido jamás.
En el fondo, aunque no crea en ellos, sé que existen, y su trabajo consiste en hacerme dudar, continuamente.