23 de junio de 2013

...potser un día.



Hay días especialmente duros cuando vives en la resistencia, me confesó dolida. Este es uno de ellos: no hay miradas cómplices, no hay luna que mirar, no hay mano que entrelazar, ni sueño que pedir, ni llama que sentir, ni olas que saltar. Aún recuerdo cuando todo eso era posible. Llevo años deseando olvidar. Olvidar. Olvidar. Olvidar sería el único camino para volver a empezar. Para volver a empezar no, para poder seguir. Porque este abrazo donde me perdí con emoción y el beso dejado con mimo en mi cuello aprovechando la fusión de los cuerpos no eran suyos, ni suyos los brazos que me estrechaban, ni suyos los labios que me besaron. Sé que no puedes entenderme porque nunca te ha tocado sobrevivir pero tú por lo menos me escuchas. Las hogueras empiezan a exhalar humo, que se va extendiendo por la ciudad mezclado con la brisa marina y diferentes compases de música. En casa todo es silencio, y, sólo oigo mi voz contándote una vez más la historia interminable. Tengo miedo. Tengo miedo de acabar jubilada de por vida como ese pobre rinoceronte que, después de vivir más de veinte años en un recinto tan pequeño que sólo podía dar vueltas en círculo, no consiguió adaptarse en cinco años a un espacio con hectáreas y siguió girando sobre si mismo. Tengo miedo de esta esterotipia que no me abandona, y que, como a él, un día me manden a la mierda por no cumplir las expectativas ajenas... como si fuésemos nosotros los únicos culpables de nuestro padecimiento.


14 de junio de 2013

Escucha-me.




Decidí elegir la sencilla belleza y compartirla con seres inteligentes dotados de espíritus  bellos:  honestos, leales, respetuosos, ... librepensadores sin edad.